vie 34a. Ordinario año Par (Id=782)

Antífona de Entrada

Señor, tú eres justo, tus mandamientos son rectos. Trata con misericordia a tu siervo.

[Misa]

Oración Colecta

Oremos:
Señor, tú que te has dignado redimirnos y has querido hacernos hijos tuyos, míranos siempre con amor de padre y haz que cuantos creemos en Cristo, tu Hijo, alcancemos la libertad verdadera y la herencia eterna.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.

[Misa]

Primera Lectura

Los muertos fueron juzgados conforme a sus obras. Vi que descendía del cielo la nueva Jerusalén

Lectura del libro del Apocalipsis del apóstol san Juan
20, 1-4.11-15; 21, 1-2

Yo, Juan, vi un ángel que bajaba del cielo llevando en la mano la llave del abismo y una gran cadena. Apresó al dragón, la antigua serpiente -que es el diablo y Satanás-, y lo encadenó por mil años. Lo arrojó al abismo, cerró y selló la entrada, para que no pueda seducir más a las naciones hasta hayan pasado los mil años. Pasados los mil años, tendrá libertad por breve tiempo.
Después vi unos tronos, y a los que se sentaron en ellos se les dio poder para juzgar. Y vi a los que habían sido degollados por dar testimonio de Jesús y anunciar la palabra de Dios: los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, los que no se habían dejado marcar ni en su frente ni en sus manos. Todos ellos revivieron y reinaron con Cristo mil años.
Vi luego un trono grande y resplandeciente. Tierra y cielo se ocultaron ante la presencia del que estaba sentado en el trono y desaparecieron sin dejar rastro. Vi también a los muertos, tanto poderosos como humildes, que estaban de pie ante el trono. Fueron abiertos entonces los libros; fue abierto otro libro, el libro de la vida, y los muertos fueron juzgados según sus obras, conforme a lo que estaba escrito en los libros. El mar devolvió sus muertos, la tierra y el abismo devolvieron sus muertos, y todos fueron juzgados según sus obras. Muerte y abismo fueron arrojados después al estanque de fuego. Esta es la segunda muerte: el estanque de fuego, al que fueron también arrojados todos los que no estaban inscritos en el libro de la vida.
Y vi un cielo nuevo y una tierra nueva. Habían desaparecido el primer cielo y la primera tierra y el mar ya no existía. Vi tambien bajar del cielo, enviada por Dios, a la ciudad santa, la nueva Jerusalén, engalanada como una novia que se adorna para su esposo.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Del salmo 83

Dichosos los que viven en tu casa, Señor.

Me consumo anhelando los atrios del Señor, todo mi ser se estremece de alegría ansiando al Dios vivo.
Dichosos los que viven en tu casa, Señor.

En tus altares, Señor todopoderoso, rey y Dios mío, hasta el gorrión ha encontrado una casa, y la golondrina un nido dónde poner sus polluelos.
Dichosos los que viven en tu casa, Señor.

Dichosos los que viven en tu casa y te alaban siempre; dichoso el que encuentra en ti su fuerza; caminan animosos, para ver a Dios en Sión.
Dichosos los que viven en tu casa, Señor.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Estén atentos y levanten la cabeza, porque se acerca la hora de su liberación, dice el Señor.
Aleluya.

Evangelio

Cuando vean que suceden estas cosas, sepan que el Reino de Dios está cerca

† Lectura del santo Evangelio según san Lucas
21, 29-33

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo propuso Jesús a sus discípulos este ejemplo:
"Fíjense en la higuera y los demás árboles: cuando echan brotes, ustedes, al verlos, saben que se acerca el verano. Pues lo mismo ustedes, cuando vean que suceden estas cosas, sepan que el reino de Dios está cerca. Les aseguro que no pasará esta generación hasta que todo esto suceda. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor, Jesús.

[Misa]

Oración sobre las Ofrendas

Señor, Dios nuestro, tú que nos has dado este pan y este vino para reparar nuestras fuerzas, conviértelos para nosotros en sacramento de vida eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

[Misa]

Prefacio

La salvación por Cristo

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, que por amor creaste al hombre, y, aunque condenado justamente, lo redimiste por tu misericordia, por Cristo, Señor nuestro.
Por él,
los ángeles y los arcángeles, y todos los coros celestiales celebran tu gloria, unidos en común alegría. Permítenos asociarnos a sus voces, cantando humildemente tu alabanza:
[Misa]

Antífona de la Comunión

Demos gracias al Señor por su misericordia, por las maravillas que hace por su pueblo:

da de beber a los sedientos y de comer a los hambrientos.

[Misa]

Oración después de la Comunión

Oremos:
Señor, tú que has querido hacernos participar de un mismo pan y de un mismo cáliz, concédenos vivir de tal manera unidos en Cristo, que nuestro trabajo sea eficaz para la salvación del mundo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén

[Misa]

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